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Fecha: 2007-03-04 País: Chile Ciudad: Santiago Medio: El Mercurio Sección: Artes y Letras Tema: Biblia Autor: Pekka Pitkänen INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA. Historia de Israel: La biblia desde la arqueología ¿Existió realmente el éxodo desde Egipto del pueblo judío? ¿Rigieron grandes imperios David y Salomón? La arqueología da herramientas para intentar algunas respuestas. Finkelstein y Silberman ofrecen un recuento que cubre desde el tiempo de los patriarcas hasta el período posterior al exilio. El libro La Biblia desenterrada: una nueva visión arqueológica del Antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, de Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman, es una recapitulación de la historia del Israel bíblico basada en la más reciente investigación arqueológica. Finkelstein y Silberman ofrecen un recuento que cubre desde el tiempo de los patriarcas hasta el período posterior al exilio. Los autores adoptan una variante de la llamada aproximación minimalista, que está asociada, en particular, con Philip R. Davies, Thomas L. Thompson y Niels Peter Lemche. Ellos consideran la mayor parte del material bíblico como el producto del Judá del siglo séptimo a.C., reflejando las realidades y las preocupaciones del reino del sur de esa época (datarían todo el material bíblico en el período posexílico). Así, las historias de los patriarcas, del éxodo y del asentamiento deberían ser leídas como creaciones literarias del pueblo de Judá que deseaba crear una historia nacional durante la época del rey Josías. De manera similar, la época de David y Salomón fue representada como una anterior Edad de Oro de una monarquía unificada bajo la conducción de Judá, mientras que la realidad histórica era mucho más pobre. David y Salomón no rigieron grandes imperios, sino que fueron sólo gobernadores provinciales de una región escasamente habitada. Su representación como soberanos de un vasto imperio israelita se propuso servir como legitimación ideológica de una monarquía unida por Josías en el siglo séptimo. Tras el exilio Finkelstein y Silberman entregan un compendio sugestivo. Es necesario decir, sin embargo, que la mayor parte de sus argumentos acerca de la historias de los patriarcas, el éxodo y el asentamiento ya había sido bastante discutido en el mundo académico y no proporcionan ninguna sorpresa mayor. Aparte de ello, la afirmación de que el imperio de David y Salomón es una exageración, tampoco es nueva en cuanto tal. Lo que es relativamente nuevo es la fundamentación de los razonamientos respecto de la monarquía unificada y los desarrollos posteriores sobre la base de una argumentación arqueológica cuidadosamente concebida. Finkelstein y Silberman dan una nueva datación a los niveles arqueológicos en Megiddo, Jasor y Guézer (cf. 1 Reyes 9:15) que habían sido atribuidas previamente a Salomón, basados en los estilos arquitectónicos, las formas de la cerámica y la datación mediante radiocarbono. Según Finkelstein y Silberman, los niveles atribuidos a Salomón que contienen restos arquitectónicos a gran escala, en realidad deberían ser datados al menos medio siglo después de Salomón. Por consiguiente, cuando se examinan los restos materiales mucho más escasos que, por lo tanto, vendrían a dar testimonio de la época de David y Salomón, se vuelve difícil creer la descripción bíblica sobre la escala y extensión de sus imperios. También, de acuerdo a Finkelstein y Silberman, un examen de los patrones de asentamiento desde la parte sur a la norte de la región montañosa israelí indica que la condición estatal surgió primero en el norte durante la dinastía de los Omridas, mientras que el sur permanecía relativamente deshabitado hasta la caída del Reino del Norte en el siglo octavo. Sólo después de la destrucción asiria alcanzó el sur una condición estatal desarrollada. De esta manera, según Finkelstein y Silberman, y teniendo en cuenta que Judá es descrito como un caudillo en la historia de Israel, la representación del pasado israelita es una retroyección de la época en que el Sur fue importante por primera vez. Específicamente, el tiempo de Josías es la edad de oro, que es la más adecuada como época para esta presentación. En este punto es provechoso mencionar que Finkelstein y Silberman siguen la hipótesis de la historia deuteronomista en su versión de la doble redacción, donde la historia principal se considera compuesta en la época de Josías. (La hipótesis original de la Historia deuteronomista tuvo su origen con Martin North en la década de 1940 y considera Deuteronomio-Reyes como una obra unificada que se remonta a la época del exilio babilónico). En conjunto, como sería de esperar al ser Finkelstein uno de los principales arqueólogos del mundo, el aspecto más destacado del libro es la presentación de la evidencia arqueológica. De manera especial, será interesante ver cuál será el resultado final en cuanto a la datación sugerida de los niveles salomónicos; debe señalarse, al mismo tiempo, que esto ha sido objetado por arqueólogos renombrados como Mazar y Dever. Asimismo, es muy interesante la comparación, hecha por Finkelstein y Silberman, de las densidades de población y los patrones de asentamiento en el norte y en el sur. Sin embargo, los restos materiales no lo son todo para determinar las posibilidades admisibles en asuntos históricos de esa magnitud. Por ejemplo, incluso si resultara que la evidencia arqueológica convencionalmente atribuida a David y Salomón debiera ser datada tan tardíamente y que la extensión del imperio de ambos sea una exageración, ¿significa esto que es imposible que David y Salomón sean considerados como los caudillos de un reino unificado de Israel? Todavía es altamente posible que una monarquía unificada fuera una realidad, como quiera que hayan sido sus realidades prácticas, tales como la extensión de la construcción administrativa. De ser así, esto significaría que Judá tenía el derecho al liderazgo desde mucho tiempo antes que Josías. (Es bueno, en este punto, recordar que el mismo Finkelstein en su libro The Archaeology of the Israelite Settlement [1988], dice que al final de la Edad del Hierro I y a comienzos de la del Hierro II, el poblamiento en Judá se incrementó sustancialmente). Además, las historias de Jueces y de Samuel no dependen de la extensión del Imperio de David y Salomón. En consecuencia, no se puede juzgar la validez esencial de estos relatos en base a la descripción de Salomón y de los libros de los Reyes. (Es necesario recordar que, para la época de David, no hay descrita ninguna de las estructuras administrativas principales comparable a las de Salomón). A este respecto, considerando las objeciones recientes a la Historia Deuteronomista (por ejemplo, Westermann, Die Geschichtsbücher des Alten Testaments; Pitkänen, Central Sanctuary and Centralization of Worship in Ancient Israel), si los libros de Josué-Reyes son más bien bloques separados que una historia unificada, es posible que únicamente sea la descripción de Salomón la que es exagerada, mientras que la fiabilidad y procedencia de Josué-Jueces ha de ser juzgada de forma separada. Bajo estas circunstancias, especialmente si la tradición del liderazgo de Judá es antigua, es mucho menos obvio que las tradiciones bíblicas israelitas deban, en lo esencial, ser ubicadas en la Judá josiánica del siglo séptimo, como sugieren Finkelstein y Silberman. Obra de síntesis En resumen, el libro de Finkelstein y Silberman debiera considerarse como una interesante síntesis y una valiosa contribución acerca de la historia de Israel desde la perspectiva minimalista, especialmente en lo que respecta a la evidencia arqueológica pertinente. Sin embargo, la validez de este punto de vista, en su conjunto, es menos segura de lo que los autores insinúan. A los lectores interesados en el tema se les aconseja consultar también otras aproximaciones y puntos de vista desde otros ámbitos del espectro académico, incluyendo interpretaciones de la corriente más aceptada e interpretaciones así llamadas maximalistas. En Chile También en nuestro país hay algún grado de investigación sobre el tema. La muestra más reciente es el libro La historiografía del Antiguo Israel (Ediciones Universidad Católica Silva Henríquez, 2004, 192 páginas) de Benjamín Toro Icaza. Su autor señala que la pregunta sobre la validez histórica de la Biblia y su discurso historiográfico se ha planteado tanto desde la historia como de la arqueología, pero que lamentablemente estas disciplinas han tendido, en este punto, a separarse y trabajar de forma casi independiente. La intención en su libro es la de armonizar tres áreas diferentes pero relacionadas: Biblia, historia y arqueología. Señala que intenta demostrar la forma de pensar y de escribir historia del Antiguo Israel a partir de un texto bíblico escogido, y de los datos que aporte la arqueología sobre dicho texto. Toro es licenciado en historia por la Universidad de Chile y posee estudios de posgrado en el Instituto Rothberg e Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y de Estudios Clásicos en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación de Santiago. "LA BIBLIA DESENTERRADA" Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman "La Biblia desenterrada". Traducción de José Luis Gil Aristu, Editorial Siglo XXI, Madrid, 2003, 414 páginas. Pekka Pitkänen University of Gloucestershire |
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