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Fecha: 2007-12-16
País: Chile
Ciudad: Santiago
Medio: El Mercurio
Sección: Artes y Letras
Tema: Cultura
Autor: Macarena García G.

PATRIMONIO. El terremoto de 2005 la dejó en el suelo:
La emblemática iglesia de San Lorenzo

Fue construida en el siglo XVIII, cuando Tarapacá era una capital colonial que tenía minas de plata. Hoy es un poblado que tiene menos de 200 habitantes, pero recibe más de 3.000 visitantes para las folclóricas fiestas de su patrono. Gracias a la minera Inés de Collahuasi se financió la reconstrucción de la iglesia San Lorenzo de Tarapacá, ubicada a 177 desérticos kilómetros de la ciudad de Iquique.


"Yo estaba en mi casa, iba a salir, pero había puesto la tetera. Y ahí empezó, tembló entero todo, fue un sismo nunca visto, al menos en mis tiempos. Todo era una capa de tierra y sentía los ruidos, como caían las murallas y los techos", recuerda Isabel Ramírez, una de las vecinas de Tarapacá. "Como media hora después se aclaró un poco y vi que la murallas de la iglesia también se habían venido abajo. Fui a la casa de mi hermana, que es de adobe. Los perros estaban sepultados debajo, pero no sé cómo salieron". Isabel cuenta que en medio del caos y el miedo, un grupo de vecinos se junto en la plaza y vieron cómo el techo de la Iglesia se había doblado y las murallas de barro eran escombros.

"Decidimos entrar a rescatar a los santos", relata, y pareciera que habla de personas. Ella alumbró con una linterna a un grupo de hombres que se animaron, y mientras los hombres removían los escombros, la tierra dejaba sentir sus réplicas. Orgullosa, explica que el patrón, San Lorenzo, se salvó por milagro, porque le cayó una viga delante y otra detrás. A la Virgen de la Candelaria se le rompió la cabeza del niño, que ella -y sus compañeros del grupo de baile Pastores- mandaron a restaurar a Tacna. "San Luis también se salvó y a la Inmaculada Concepción no le pasó nada de nada, quedó intacta". Pero se perdieron San Joaquín, San Pedro, la Teresita de Los Andes y otros que no quiere enumerar. Y el campanario, que había resistido incendios y sismos desde 1742, amenazó con venirse abajo ese fatídico lunes 16 de junio. "Era obvio que se iba a caer la iglesia, todos sabíamos que se caía con un terremoto, pero la torre no, la torre había resistido todo", explica Jano, "servidor de San Lorenzo", de 13 años. "Era nuestro orgullo", completa la señora Isabel. Y mira a su santo. Y se lleva la mano a un lugar que está cerca del corazón.

Estamos en San Lorenzo de Tarapacá, a 177 desérticos kilómetros de Iquique y a unos cinco del punto al que llega señal de los teléfonos celulares. Un cartel en la entrada anuncia que se trata de un santuario; está allí para avisar a los peregrinos que vienen a la fiesta del patrono, cada 10 de agosto, que han llegado. El resto del tiempo, según el último censo, viven allí 188 personas que pelean la vida con la poca agricultura que se puede conseguir de un riachuelo que baja por el desierto más árido del mundo. Ellos lo encausan en canales y hacen que haya verde, después de 177 kilómetros de planicie café.

Pero no siempre fue así. En 1536, acampó allí Diego de Almagro y sus maltraídas huestes durante su camino de regreso a Cuzco. Les pareció un paraíso en medio del desierto. Después, Pedro de Valdivia fundó un pueblo, y casi doscientos años más tarde, en 1720, se descubrió una rica veta de plata y Tarapacá inició su época dorada. De entonces data esa iglesia construida con murallas de grueso adobe y ese campanario de 28 metros de alto que es el orgullo del pueblo. Y que casi se vino abajo el 16 de junio de 2005, cuando la tierra se sacudió en 7,9 grados, según la escala de Richter, y el epicentro estuvo allí, en el valle de Tarapacá.

"Yo sabía que los fieles iban a levantar la iglesia. Porque ellos nunca han negado su granito de arena para San Lorenzo, pero no pensé que iba a pasar esto. Que la minera nos reconstruyera todo, hasta la torre", dice conmovida y agradecida, la señora Isabel Ramírez. Todavía hay maestros terminando la obra cuando ella dice esto, sentada en una de las bancas. La minera de la que habla es Doña Inés de Collahuasi, que donó 639 millones de pesos para restaurar ese templo, que ha sido reconocido como Monumento Nacional. "Yo no sé si el Estado hubiera restaurado esta iglesia. Creo que no", dice Bernardo Campos, un hombre nacido y criado en Tarapacá, quien donó vigas de madera para colgar las campanas y también se deshace en halagos para la minera y los trabajadores de la obra. Confiesa que no es que sea tan católico, que cree a su manera, pero que esa iglesia es lo más grande que tienen allí y que para la fiesta de San Lorenzo "viene tanta gente que no hay dónde meterla".

Desechando el adobe

Un equipo proyectista de la Universidad de Chile desarrolló el proyecto de restauración. Entre ellos estaba Pablo González, un hombre que se interesó tanto por las iglesias del norte que acabó mudándose a Iquique, y Hernán Montecinos, arquitecto experto en patrimonio, quien murió esta semana. Ellos tomaron la decisión de no insistir con el adobe. "Esa iglesia se ha reconstruido por lo menos unas cuatro veces y la última vez fue en 2003", explica Pablo González. Por eso, los arquitectos propusieron hacer una estructura de hormigón armado que después, a pedido del Consejo de Monumentos, camuflaron con estuco para asemejarla a la original. "El Estado no puede avalar una reconstrucción en adobe. ¿Qué pasa si después la iglesia se cae sobre 200 personas? No hay ningún arquitecto, yo no lo haría, que vaya a poner su firma en un edificio así", reafirma Juan Carlos Veloso, de la dirección de arquitectura del MOPTT, que actuó como ente supervisor de la obra.

El resto, sí, quedó igual. Porque San Lorenzo de Tarapacá es bastante atípica: tiene dos puertas, dos naves centrales y dos altares. Su historia la hizo así. En el siglo XVII, la iglesia era la mitad de lo que es ahora, y cuando un sismo la botó, los lugareños aprovecharon la pared todavía en pie para reproducirla a un lado. Años después reconstruyeron la original y se quedaron con una iglesia doble; a la gruesa pared del centro le abrieron dos arcos que permiten comunicarlas. "En general, las iglesias tienen una nave central, o tres o siete; números impares. Éste es un caso muy atípico", explica Pablo González. Ellos decidieron dejar ahora un altar para las celebraciones y otro ocupado por San Lorenzo, para recibir su propio culto.

El obispo Iquique, monseñor Marcos Órdenes, explica que esa iglesia no sólo tiene gran valor histórico, sino también "comunitario". Bajo esa palabra ordena la devoción a San Lorenzo en la zona y la fiesta popular -con bailes y procesiones- con que se celebra su santo. Una celebración "hija" de La Tirana, por ese cruce de simbolismo andino y tradiciones católicas, que logra escapar mejor de la explotación turística.

La lenta (y privada) restauración del Norte

Juan Carlos Veloso, arquitecto del MOPTT, explica que ésta, San Lorenzo de Tarapacá, es la primera iglesia nortina que ha restaurado el Gobierno. Lo explica con orgullo, pero han pasado tres años y medio desde el terremoto y la obra fue financiada por una empresa privada que transfirió su donación al Estado. Es más, la minera Doña Inés de Collahuasi inició también, después del terremoto, un trabajo para reconstruir la Iglesia de Matilla, también monumento histórico. En ella no demoraron más de un año.

La minera Cerro Colorado ha trabajado también con las comunidades para restaurar las iglesias de Macaya, Iquiuca y Parca. Actualmente se encuentran reconstruyendo la Iglesia de Mamiña, enclavada en una de las quebradas altiplánicas.

Pero del Estado, hasta ahora, sólo hay catastros y proyectos. "Sí, es verdad, pero es que trabajar con el Estado es más lento. No es el mismo sistema que usa la empresa privada, pues se puede disponer de los recursos como bien se quiera. Nosotros tenemos que trabajar con las reglas del fisco, con los presupuestos, incluso cuando se trata de donaciones culturales, como fue este caso", se excusa Juan Carlos Veloso. Acto seguido anuncia que ya está listo el diseño para restaurar Villacoyo y Llocuoma, y que otras once están en la lista de espera. Después aclara que todavía quedan muchas más, que hay iglesias en lugares a donde sólo se puede subir andando en mula por horas, y que serían cerca de 120 las iglesias dañadas por el terremoto.

Veloso admite que hasta ahora se han centrado en la quebrada de Tarapacá, la más afectada por el terremoto. Pero más al norte está la quebrada de Camiña, donde la organización Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS) ha logrado juntar esfuerzos de privados y pobladores para restaurar varias. Pero allí hay una que el obispo de Iquique describe como "la catedral". Es la iglesia de Santo Tomás de Camiña, también construida en el siglo XVII, que le preocupa principalmente porque está enclavada en la zona más poblada del desierto. Cerca de 4.000 personas viven allí cultivando ajos y cebollas para la región.

El día en que un santo trató de hacerse pasar por otro

"El San Lorenzo es nuestro", explica la señora Isabel, vecina de Tarapacá. Se refiere a la imagen del santo que ahora está dentro de la recién restaurada iglesia que lleva su nombre. "Cuando se quemó nuestro San Lorenzo antiguo, hace ya muchos años, nos mandaron otro, un San Luis, para que lo representara. Pero no se parecía mucho".

Lo que la señora Isabel no cuenta es que San Luis fue presentado como San Lorenzo en una ceremonia a la que asistió todo el pueblo. Bernardo Campos recuerda la solemne entrada del santo y el momento de la ceremonia en la que le quitaron el velo. "Parecido podía ser, pero nos dimos cuenta altiro", explica este hombre que no se ha movido del valle en toda su vida. "Porque después no tienen nada que ver. Nos estaban pasando una mula".

Un vecino, Prudencio Patiño, se encerró en una casa durante meses a dar forma a un nuevo santo. Salió cuando tuvo a San Lorenzo vestigo. A San Luis lo pusieron a un costado.